Este artículo describe un proyecto innovador para visualizar la estrategia en el diseño de campos de golf, expandiendo la metodología de 'strokes gained' (SG) popularizada por Mark Broadie. Broadie revolucionó el análisis del golf al enfocarse en la comparación de golpes basados en la distancia, permitiendo a los jugadores identificar sus debilidades y mejorar su rendimiento. Sin embargo, el autor del artículo, un filósofo con interés en el golf, percibió una limitación: la metodología SG, al priorizar la distancia, no considera adecuadamente la influencia de la arquitectura del campo y la posición estratégica del jugador.
La solución propuesta es invertir la perspectiva: en lugar de analizar el rendimiento del jugador, el modelo analiza el campo de golf. Se crea un simulador que calcula los 'strokes-to-hole' (golpes para completar el hoyo) para un jugador idealizado en un campo plano y sin obstáculos (el 'benchmark'). Luego, se calcula los 'strokes-to-hole' reales en el campo específico, considerando sus características (bunkers, contornos, agua). La diferencia entre ambos valores revela las áreas del campo que son más o menos favorables estratégicamente. Un área roja en el mapa resultante indica una penalización en golpes en comparación con el campo idealizado, mientras que un área azul indicaría una ventaja.
El simulador genera mapas visuales que superponen la vista tradicional del hoyo, el mapa SG estándar (basado solo en la distancia), un mapa SG funcional (promedio de las distancias) y el mapa 'Schoolfield' (la diferencia entre los dos). Este último mapa revela cómo elementos como los bunkers, los contornos del green y los obstáculos afectan el rendimiento del jugador. Por ejemplo, un búnker frente al green puede costar alrededor de media tacada, mientras que un búnker más accesible podría sumar solo una décima de tacada. La herramienta permite a los arquitectos de campos de golf comprender mejor el impacto estratégico de sus diseños y a los jugadores apreciar la complejidad y el diseño detrás de cada hoyo.
El proyecto, aunque técnicamente complejo (requiere programación y simulación), ofrece una nueva forma de analizar el golf, combinando el rigor analítico de la metodología SG con una apreciación más profunda de la arquitectura del campo. Las limitaciones incluyen la dependencia de un jugador 'modelo' (en este caso, un jugador de 5 HCP) y la simplificación inherente a cualquier modelo. Alternativas podrían incluir la creación de modelos más sofisticados que consideren variables como el viento y la humedad, o la adaptación de la herramienta para diferentes niveles de habilidad.
