Girolamo Segato (1792-1836) fue un científico y explorador italiano que desarrolló un proceso único para petrificar tejidos orgánicos, conservando su color, forma y flexibilidad. Su historia comienza en Egipto, donde descubrió momias naturalmente petrificadas por la arena del desierto. Al regresar a Florencia, realizó experimentos que dieron lugar a lo que llamó «solidez lapidaria», un método químico que transformaba carne humana en piedra sin descomposición. Sus preparaciones anatómicas, como cabezas femeninas con cabello conservado y una mesa con 200 fragmentos petrificados, aún se exhiben en museos de Florencia y Belluno. Segato nunca reveló su fórmula; en su lecho de muerte, con neumonía, intentó compartir el secreto pero falleció antes. La leyenda sugiere que las aguas termales de Val d'Orcia, ricas en carbonato de calcio, pudieron ser la clave, pero análisis modernos indican que no se trata de simple incrustación calcárea ni de embalsamamiento tradicional. La obra de Segato desafía la categorización: no era alquimia ni ciencia convencional, sino un saber perdido. Su legado incluye mapas de África inexplorada, dibujos de monumentos egipcios y 214 piezas petrificadas de extremidades humanas. La historia de Segato ilustra cómo la frontera entre la ciencia y el misterio puede ser más delgada de lo que suponemos.
