La administración estadounidense ordenó a Anthropic, creadora de Claude, suspender el acceso de usuarios extranjeros a sus modelos de inteligencia artificial más avanzados por motivos de seguridad nacional. Al no poder verificar la nacionalidad de los usuarios, la compañía desactivó temporalmente esos modelos para todo el mundo, incluidos los clientes estadounidenses. El episodio ilustra cómo Washington puede convertir su dominio tecnológico en palanca geopolítica.
En Francia existe un consenso político transversal sobre la necesidad de reducir la dependencia de las IA estadounidenses y chinas, pero los datos son elocuentes: la mayor parte de los modelos empleados en el país proceden de firmas como OpenAI, Anthropic o Perplexity, mientras que alternativas europeas como Mistral apenas tienen presencia significativa. El artículo subraya que la inteligencia artificial afecta a la investigación científica, la sanidad, las finanzas, la educación y la defensa, lo que convierte cualquier corte de acceso en una vulnerabilidad estructural, no en un mero contratiempo comercial.
La Unión Europea, señala el texto, ha construido un marco regulatorio avanzado y ha impulsado inversiones públicas, pero sigue siendo ante todo reguladora y consumidora, no productora. Incluso Mistral depende de chips estadounidenses de Nvidia. Francia ha anunciado 655 millones de euros adicionales en IA hasta 2030 y el abandono de Palantir por parte de la DGSI, medidas simbólicas que el autor considera insuficientes frente a los desembolsos de Washington y Pekín. La pieza plantea si Europa logrará construir una soberanía tecnológica real o seguirá como supervisora de tecnologías ajenas.
