Florida ha declarado de emergencia una zona de 300 acres en Hialeah, al sur de Miami, debido a la presencia de caracoles gigantes africanos (GALS) que han bloqueado carreteras y dañado la infraestructura local. Desde septiembre, las autoridades estatales prohíben el movimiento de residuos o materiales sin permiso explícito, mientras equipos de científicos patrullan la zona para detectar y eliminar los moluscos, que pueden alcanzar hasta 23 centímetros de longitud. Esta infestación se suma a tres episodios previos gestionados por el estado, que han costado millones de dólares y han requerido décadas para contenerse. La presencia de estos caracoles, introducidos en EE. UU. en 1966, representa un riesgo significativo no solo por su capacidad de destruir estucos y vegetación, sino también por la propagación del parásito rat-lungworm, que puede causar enfermedades graves en humanos y animales. Aunque la infestación actual parece limitada a un solo manzana, los expertos advierten que el cambio climático y el aumento de la temperatura podrían facilitar su expansión hacia el interior del estado y hacia ecosistemas protegidos. La respuesta gubernamental incluye la distribución de avisos a la población y la aplicación de venenos en el suelo, con un objetivo de mantener la zona libre de caracoles durante tres años consecutivos. Este caso ilustra el desafío global de controlar especies invasoras, que han afectado a otras regiones como Brasil y Hawái, donde la introducción de depredadores nativos ha tenido consecuencias devastadoras para la biodiversidad local.
