Google lanzó el Fitbit Air, una pulsera de fitness de 99 dólares que destaca por su autonomía, ligereza y por recuperar sin coste los datos básicos de seguimiento, antes reservados a la suscripción Google Health Premium. La periodista Allison Johnson, de The Verge, lo probó durante un mes y subraya que el hardware es impecable: batería de hasta tres semanas con cargas rápidas, sensor intercambiable y correa textil más fina que la del Whoop. Su crítica se centra en la app Google Health y, sobre todo, en su asistente de IA, Health Coach, un chatbot basado en Gemini que resume el sueño, la preparación y la carga cardiovascular cada mañana. Según la autora, el coach puede resultar útil si el usuario invierte entre cinco y seis horas en configurarlo con contexto personal, y pone como ejemplo recomendaciones acertadas durante viajes de trabajo o jornadas de calor en Las Vegas. No obstante, Google Health sigue mostrando una interfaz recargada, exige mucha intervención manual y depende del servicio CLEAR para verificar la identidad al subir historiales médicos. Casi 500.000 personas beta-testean la función desde octubre de 2025 y Google asegura haber recopilado más de un millón de comentarios antes de lanzar la versión actual. La compañía planea llevarla a relojes Pixel y, más adelante, a dispositivos de terceros.
