Finlandia ha reunido a más de 2.000 militares, autoridades, voluntarios, estudiantes y ciudadanos en Kuopio, en el centro del país, para celebrar el mayor ejercicio de defensa civil en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El simulacro plantea un escenario de ciberataques que inutilizan el suministro eléctrico y el agua de la ciudad, combinado con la amenaza de misiles procedentes de Rusia, país con el que Finlandia comparte más de 1.300 kilómetros de frontera.
La geografía y la historia explican el despliegue. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, Finlandia abandonó décadas de no alineamiento militar y se incorporó a la OTAN en 2023, convirtiendo esa extensa frontera en uno de los límites directos entre Rusia y la Alianza. Desde entonces, el país ha intensificado una preparación que nunca abandonó del todo, apoyada en el servicio militar obligatorio y en una amplia reserva.
Bajo la ciudad, las instalaciones excavadas en la roca —el mayor refugio puede albergar a unas 7.000 personas— sirven como alojamiento colectivo durante el ejercicio, con reclutas equipados con trajes de protección que comprueban los niveles de radiación. Pero la lección principal, según el coronel retirado Asko Muhonen, organizador del simulacro, procede de Ucrania: los civiles solo disponen de unos minutos para ponerse a cubierto, por lo que un aparcamiento subterráneo cercano puede salvar más vidas que un refugio formidable situado lejos. Dmytro Untila, estudiante ucraniano en Kuopio, recuerda cómo el primer día de la invasión tuvo que refugiarse en el portal de su edificio en Odesa.
La estrategia contempla, además, que los ciudadanos puedan sobrevivir al menos 72 horas sin asistencia si falla la electricidad o el agua. La empresa eléctrica regional Savon Voima ha detectado un aumento de ciberataques y de incidentes en sus infraestructuras desde 2022, aunque el servicio de inteligencia finlandés no ha encontrado indicios atribuibles a Moscú.
