El artículo plantea una hipótesis provocadora: en lugar de marcar el inicio de una nueva era tecnológica, la actual explosión de la Inteligencia Artificial (IA) podría ser la fase final de la 'ola digital' que comenzó en la década de 1970. Esta teoría, inspirada en el modelo de Carlota Perez sobre las 'olas' tecnológicas (ciclos de inversión de 50-60 años), sugiere que estamos en una etapa de 'inversión de ciclo tardío'.
El modelo de Perez describe cómo las olas tecnológicas pasan por fases: inicialmente, una fase de infraestructura lenta y poco visible, seguida de una fase de 'despliegue' donde empresas optimizan la tecnología existente y obtienen un crecimiento acelerado. La IA, según esta perspectiva, encaja en la fase de despliegue. La gran inversión en IA, en lugar de señalar una innovación disruptiva, sería una optimización del paradigma computacional existente, similar a cómo la producción 'lean' refinó la producción en masa en la década de 1970.
El autor, apoyándose en el análisis de Nicolas Colin, señala tres indicadores que respaldan esta teoría: 1) la caída de la financiación de startups en 2022, que sugiere una saturación del mercado y una pérdida de la ventaja competitiva de las startups; 2) el hecho de que los avances significativos en IA provienen de grandes empresas tecnológicas (Microsoft, Google, Amazon) con vastos recursos, en lugar de startups; y 3) la aparente saturación de los mercados digitales, con la IA siendo utilizada para penetrar en sectores previamente resistentes a la digitalización como la sanidad, la educación y la construcción.
Esta visión implica que la IA no está creando una nueva tecnología fundamental, sino que está extendiendo la aplicación de la computación a áreas donde antes no era viable. Es una fase de 'despliegue tardío', donde la tecnología se integra profundamente en la economía física, creando la ilusión de novedad radical. El autor compara esto con la construcción de autopistas y centros comerciales en la década de 1970, que permitieron la expansión de la industria automotriz y el comercio minorista.
Finalmente, el artículo sugiere que, como en las olas tecnológicas anteriores, podría haber una resistencia social a la implementación generalizada de la IA, similar a las protestas contra la construcción de autopistas en el pasado. En resumen, la IA podría no ser el comienzo de algo nuevo, sino el final de una era tecnológica, preparando el terreno para la siguiente.
