Faber Birren, el teórico que puso el color a trabajar

Fuentes: Shades of meaning

Más de ocho décadas después de que Faber Birren (EX’23) afirmara que "el color ha sido un arte descuidado", su huella sigue presente en la cultura visual y comercial de Estados Unidos. Este artículo recorre la vida y la obra del consultor y teórico del color, fallecido en 1988, que convirtió una afición autodidacta en la disciplina más influyente del siglo XX.

De origen luxemburgués y nieto de un empresario de pompas fúnebres de Chicago, Birren llegó a la Universidad de Chicago en 1919 con la intención de estudiar educación. Al no existir un programa sobre color en ninguna universidad, abandonó los estudios y se formó por su cuenta en la Biblioteca Pública de Chicago. Sus primeras investigaciones fueron singulares: llegó a pintar su dormitorio entero de bermellón para probar la creencia popular de que el rojo enloquece.

En 1935 se trasladó a Nueva York, donde convenció a empresarios industriales de que el color podía modificar la percepción y el comportamiento. Demostró que las paredes blancas de las cámaras frigoríficas de una distribuidora de carne daban a los filetes un tono grisáceo: tras experimentar con steaks porterhouse bajo distintas luces, propuso un fondo azul verdoso que los hacía parecer más rojos. Las ventas subieron y la competencia copió la idea.

Birren asesoró a Walt Disney en Bambi, Fantasia y Pinocchio, colaboró con DuPont en la codificación de colores de seguridad industrial —amarillo para tropiezos, rojo contra incendios, naranja para riesgos mecánicos— y trabajó para Condé Nast analizando con ordenador las ventas de pintura. Autor de obras como Selling with Color (1945) y Color Psychology and Color Therapy (1950), procuró distinguir ciencia de charlatanería al estudiar los efectos terapéuticos del color, citando al psicoanalista Felix Deutsch. Su legado demuestra que el color dejó de ser pura decoración para convertirse en una herramienta funcional con base empírica.