A principios de los 2000, la región española de Extremadura desafió el dominio de Microsoft con LinEx, un proyecto pionero de software libre impulsado por la Junta de Extremadura para abordar un reto de alfabetización digital y reducir costes de licencias. El proyecto, liderado por figuras como Jesús Rubio, se basó en la distribución Debian por su estabilidad y ética, adaptándola para ser accesible a usuarios sin conocimientos técnicos. El equipo de LinEx enfrentó desafíos significativos, desde la compatibilidad con hardware limitado hasta la creación de repositorios propios y soporte técnico regional. Más allá del ahorro económico, LinEx democratizó el conocimiento, permitiendo a los ciudadanos extremeños acceder y modificar el software, y contribuyó a una de las ratios más altas de ordenadores por alumno a nivel mundial. Aunque el proyecto perdió impulso con el tiempo debido a factores políticos y tecnológicos, su legado es innegable, sirviendo de inspiración para otras regiones y sentando las bases para la adopción de estándares abiertos en la administración pública. LinEx demostró que incluso una región rural puede liderar la innovación tecnológica y desafiar a los gigantes de la industria.
