Explosión del cohete New Glenn de Blue Origin en Florida: un duro golpe para la compañía y la NASA
Lead
El cohete New Glenn de Blue Origin explotó en la noche del jueves 29 de mayo de 2026 durante una prueba de encendido estático en la plataforma de lanzamiento LC-39A de Cabo Cañaveral, Florida. La detonación, que generó una enorme bola de fuego sobre la costa, destruyó por completo la primera etapa del cohete y causó graves daños en las instalaciones. Afortunadamente, no se reportaron heridos. El incidente, el peor desastre en los 26 años de historia de la compañía, se produjo justo cuando Blue Origin se preparaba para el cuarto vuelo del New Glenn, previsto para la semana siguiente.
Desarrollo
Según informó Ars Technica, la prueba de fuego estático estaba siendo retransmitida en directo por NASASpaceflight.com, cuyas cámaras captaron el momento exacto de la explosión. “Es posiblemente la explosión de un cohete más dramática y potente desde la destrucción del N1 soviético en 1969”, señala el medio especializado. La falla se originó en la primera etapa, propulsada por siete motores BE-4, y las primeras indicaciones apuntan a un problema en el sector de motores.
El fundador de Blue Origin, Jeff Bezos, reaccionó en la red social X: “Es demasiado pronto para conocer la causa raíz, pero ya estamos trabajando para encontrarla. Un día muy duro, pero reconstruiremos lo que sea necesario y volveremos a volar. Vale la pena”.
Desde Microsiervos se aportan detalles adicionales. La primera etapa destruida se llamaba No, It’s Necessary y era la tercera construida por la empresa. La segunda etapa, cargada con satélites de la constelación de internet de Amazon (Proyecto Kuiper), no había sido integrada aún, por lo que resultó ilesa. La explosión se llevó por delante al menos una de las torres pararrayos y dañó gravemente el brazo que coloca el cohete en vertical. “Los daños en la plataforma parecen muy serios”, recalca Microsiervos, y “tardarán meses en repararlos”. Incluso se plantea la posibilidad de que la construcción de una nueva plataforma en la que Blue Origin trabaja esté lista antes que la reparación de la 39A.
Análisis
El impacto del accidente va mucho más allá de la pérdida del cohete y el retraso de su vuelo número cuatro. Blue Origin había recibido recientemente el permiso de la Administración Federal de Aviación (FAA) para reanudar los lanzamientos tras el fallo de la segunda etapa en su tercer vuelo. Con este nuevo revés, la compañía pierde el impulso que parecía haber recuperado en los últimos meses.
La explosión añade presión a los ambiciosos planes de la NASA. Como detalla Microsiervos, la agencia espacial acaba de adjudicar a Blue Origin el lanzamiento del rover VIPER hacia la Luna en 2027 mediante un aterrizador Blue Moon Mark 1, y el envío de dos rovers tripulados (de Lunar Outpost y Astrolab) a la superficie lunar en 2028 con el Blue Moon Mark 2. El Blue Moon Mark 1 debía estrenarse este mismo año. Además, la misión Artemis III, prevista para finales de 2027, tiene como objetivo probar en órbita terrestre los aterrizadores tripulados de Blue Origin y SpaceX. Pero tanto el retraso del Starship de SpaceX como la explosión del New Glenn ponen en duda el cronograma.
En palabras de los analistas, el accidente representa un tropiezo mayúsculo para Blue Origin, que en los últimos meses parecía estar adelantando ligeramente a SpaceX. Ahora, el camino hacia el primer lanzamiento tripulado de su megacohete se alarga, y el calendario lunar de la NASA se tensa aún más.
Conclusión
A fecha de hoy, Blue Origin ha puesto en marcha una investigación para determinar la causa de la falla. Las primeras estimaciones apuntan a una parálisis de meses, y no se descarta que el próximo lanzamiento del New Glenn no se produzca hasta 2027. La empresa ha prometido “reconstruir lo que sea necesario”, pero el desafío logístico y económico es enorme. Mientras tanto, la comunidad espacial sigue de cerca la evolución de los daños en la plataforma LC-39A y el impacto en el programa Artemis. La explosión del New Glenn no solo frena a Blue Origin, sino que también siembra incertidumbre sobre el futuro inmediato de las misiones lunares estadounidenses.
