Europa ha perdido el gas barato de Rusia y la crisis del estrecho de Ormuz ha demostrado los riesgos de depender de proveedores lejanos. En respuesta, el continente mira ahora al norte de África, donde Marruecos, Túnez y Argelia planean grandes despliegues de renovables. Marruecos invertirá 16.000 millones de dólares en cinco años para añadir 16 GW de capacidad. Túnez aspira a cubrir el 50% de su electricidad con renovables en 2035 y ya ha licitado 2,3 GW; la noruega Scatec construye con Toyota Tsusho la planta solar Sidi Bouzid II de 120 MW, prevista para 2027, y avanza el cable submarino Elmed de 600 MW hacia Sicilia. Argelia conectará 15 GW a la red en 2035, con un primer tramo solar de 3,2 GW.
La italiana Snam controla el 49,9% de los gasoductos Argelia-Italia y Argelia-Túnez, lo que la sitúa como operador clave para una futura reconversión al hidrógeno. España parte como otra puerta de entrada natural, aunque la tercera interconexión eléctrica con Marruecos acordada en 2019 sigue sin ejecutarse. El hidrógeno verde norteafricano es más barato que en otras regiones por la abundancia de sol, pero todavía no compite con el hidrógeno fósil, de 1 a 2 dólares por kilogramo. La región acumula un historial de proyectos anunciados que no fructificaron, como Desertec, y la geopolítica añade incertidumbre al calendario.
