El Gobierno de Estados Unidos ha activado una directiva de control de exportaciones que prohíbe el acceso de cualquier usuario no estadounidense a Claude Fable 5, el modelo más avanzado de Anthropic, y a Mythos 5, su versión completa. La restricción, invocada por motivos de seguridad nacional, dejó a clientes europeos y del resto del mundo sin acceso al sistema apenas tres días después de su lanzamiento. Anthropic ha confirmado que trabaja en Washington para revertir la decisión, aunque no hay garantías de que la Casa Blanca ceda.
El veto ha puesto en evidencia la profunda dependencia estratégica de Europa respecto a la inteligencia artificial desarrollada en Silicon Valley. Anthropic, OpenAI, Google, Meta y SpaceX concentran la práctica totalidad de los modelos de frontera, y solo China dispone de capacidades comparables. El bloqueo, según los expertos consultados, revela un problema de fondo: la integración de modelos estadounidenses en servicios públicos, banca o sanidad europeos implica asumir un riesgo regulatorio y geopolítico ajeno.
Varios especialistas españoles han reaccionado a la noticia. Juli Ponce Solé, catedrático de Derecho Administrativo de la Universitat de Barcelona, ha advertido de que "depender de modelos estadounidenses de última generación es un riesgo regulatorio y geopolítico, no solo comercial". María Grandury, fundadora de SomosNLP e investigadora en la Escuela Politécnica Federal de Lausana, ha ido más allá: "El problema no es el bloqueo, sino habernos vuelto dependientes de algo que es cerrado y extranjero". Para Nuria Oliver, directora de Ellis Alicante, la situación genera "una mayor incertidumbre operativa, ya que el acceso a estos modelos cambia de manera repentina, incluso un tanto errática, y por decisiones regulatorias externas".
La reacción europea contrasta con la debilidad estructural del continente. Solo dos empresas europeas —la francesa Mistral, creadora de Le Chat, y la británica DeepMind, absorbida por Google— figuran en la primera línea mundial, y ambas muy por detrás de sus rivales estadounidenses. En España, los proyectos públicos Alia e Ilenia han recibido apenas 7,5 y 8 millones de euros respectivamente, frente a los 820.000 millones que EE UU destinará al sector, más de diez veces los fondos europeos de recuperación. Germán Rigau, director adjunto del Centro Vasco de Tecnología de la Lengua, ha sido tajante: "Tenemos que ponernos las pilas. Europa no tiene esta tecnología. No hemos invertido el dinero. Los europeos estamos desaparecidos del mapa".
La regulación europea, aunque concebida para proteger derechos fundamentales, añade costes y ralentiza el desarrollo. Alfonso Ureña, catedrático de la Universidad de Jaén, ha explicado que los datos utilizados en Alia han tenido que documentar sus fuentes legales, lo que ha limitado el entrenamiento. No obstante, algunos expertos consideran que la fragmentación del mercado estadounidense puede abrir una ventana de oportunidad. Oliver ha señalado que esta situación "podría servir para impulsar la soberanía digital europea y podría ser una oportunidad para empresas europeas como Mistral". Grandury, por su parte, ha propuesto una estrategia más modesta pero realista: "Con el nivel de inversión que tenemos en España lo mejor que podemos hacer es generar datasets de calidad, que cumplan con la ley y luego especializar modelos a nuestros casos de uso o cultura".
El caso de Anthropic presenta además un componente opaco. Según el Wall Street Journal, el informe de seguridad que habría motivado el veto procede de Amazon, rival comercial de Anthropic en la nube. La compañía sostiene que el riesgo es muy específico y que otros modelos como ChatGPT 5.5 ya ofrecen capacidades similares, lo que sugiere que las motivaciones del bloqueo podrían ir más allá de la seguridad nacional.
A corto plazo, se espera un mercado cada vez más segmentado por capas de acceso y regulación, donde los modelos más avanzados estarán disponibles globalmente, pero con restricciones según país, nivel de riesgo o tipo de uso. A medio plazo, la pregunta clave es si Europa aprovechará este sobresalto para invertir de forma sostenida en capacidades propias o si seguirá ocupando, como teme Rigau, un lugar en "segunda o tercera división" en la carrera global por la inteligencia artificial.
