Gobiernos, empresas y entidades públicas de toda Europa están intensificando sus planes para reducir la dependencia tecnológica de las grandes firmas estadounidenses, una tendencia que se ha acelerado desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump. La Comisión Europea presentó la semana pasada su estrategia oficial a largo plazo para depender menos de la tecnología de EE UU, mientras el Parlamento Europeo cambió el motor de búsqueda predeterminado en sus dispositivos de Google a la alternativa francesa Qwant. Miles de funcionarios franceses ya utilizan LaSuite, una suite ofimática de código abierto propia, y más de una docena de empresas europeas preparan el lanzamiento inminente de Euro-Office, una oferta de documentos de código abierto. Ciudades de Países Bajos, Francia y Alemania están dejando de usar Microsoft Office y Google Docs, y el gobierno holandés traslada su código de GitHub a un repositorio propio. En el ámbito de infraestructuras, Finlandia descartó migrar los datos electorales a los servidores de Amazon, y el organismo belga responsable del dominio .be anunció su salida de AWS. En redes sociales, Eurosky surge como alternativa interoperable a Bluesky dentro del AT Protocol. El Tribunal Penal Internacional también abandonó la tecnología de Microsoft tras las sanciones de Washington. Entre los motivos figuran el control de los datos propios, el acceso potencial a información europea bajo las leyes CLOUD Act y FISA, y la creciente cercanía entre las grandes tecnológicas y la Administración Trump. No obstante, un informe del Parlamento Europeo advierte de que las firmas estadounidenses siguen dominando casi todas las capas de la pila digital del continente.
