Francia, Alemania y el resto de Europa buscan construir una inteligencia artificial propia para no depender de modelos estadounidenses entrenados con valores ajenos. El debate sobre la soberanía tecnológica dominó la feria Vivatech de París y el encuentro del G7 en Evian-les-Bains, donde el presidente francés Emmanuel Macron advirtió que Francia está dispuesta a avanzar en solitario si Estados Unidos mantiene su rumbo nacionalista en IA. La urgencia europea contrasta con la brecha de inversión: la reciente ronda de financiación de 65.000 millones de dólares de Anthropic supera todo el capital captado por startups de IA europeas y británicas en 2025.
Como respuesta, la iniciativa Choose France de Macron ha conseguido compromisos por más de 100.000 millones de euros en infraestructura, incluido un aporte de 75.000 millones de Softbank para centros de datos. Cohere ha firmado alianzas con la alemana Aleph Alpha y con la española Indra para tejer una cadena multinacional de socios. Yann LeCun impulsa además Project Tapestry, un modelo fundacional abierto en el que múltiples países puedan construir asistentes adaptados a sus lenguas y culturas.
El giro de la Administración Trump —con restricciones de exportación al modelo Claude Fable de Anthropic y un ambiente que aleja a investigadores extranjeros— funciona como catalizador. Siete de los ocho coautores del artículo Transformer que originó la IA generativa son extranjeros; figuras como Jakob Uszkoreit o Aiden Gómez consideran viable repatriar talento si Europa ofrece incentivos competitivos. Para los fundadores consultados, la dependencia de modelos estadounidenses se ha vuelto inviable y la soberanía tecnológica es ahora cuestión de supervivencia.
