Un estudio de economistas de la Universidad de Tampa concluye que las inversiones públicas en infraestructura deportiva son económicamente insostenibles. Abigail Hall y Aaron D. Wood, en un artículo publicado en The Conversation, demuestran que el 73% del coste total de los nuevos estadios en Estados Unidos y Canadá entre 1970 y 2020 fue financiado por contribuyentes mediante impuestos, a pesar de que las ligas profesionales generan ingresos millonarios. Los autores argumentan que los clubes suelen exagerar los beneficios económicos, como el aumento del comercio o la revalorización de propiedades, sin que la evidencia histórica respalde estos argumentos. Un análisis de 2023 indica que los beneficios para los contribuyentes son escasos o nulos, ya que los estadios no generan un impacto sistemático en la apertura de nuevos negocios. Además, el gasto de los aficionados se considera una redistribución de presupuesto de ocio y no una inyección de capital externo. Los economistas señalan también que los estadios pueden generar congestión de tráfico, contaminación y aumento de la delincuencia durante los partidos. Finalmente, la creación de empleo y los ingresos fiscales adicionales no son significativos a largo plazo, como demostró el caso del Truist Park en Atlanta, donde el traslado del equipo no trajo los beneficios presupuestarios esperados.
