Un estudio reciente publicado por científicos del Instituto Max Planck y la Universidad de Colorado Boulder desmiente la creencia de que la tormenta solar de Halloween de 2003 representaba el límite de intensidad de las erupciones solares. Los investigadores analizaron 300 llamaradas registradas entre 2010 y 2016 para establecer una fórmula que relaciona el tamaño de las manchas solares con la energía liberada. Al aplicar este modelo a la mancha solar más grande registrada en la historia, en 1947, determinaron que su potencial destructivo era 30 veces superior al de la tormenta de 2003. Esta hallazgo sugiere que el Sol es capaz de producir eventos geomagnéticos mucho más severos de los que la infraestructura terrestre está diseñada para resistir. Aunque no todas las grandes llamaradas provocan tormentas geomagnéticas en la Tierra, la posibilidad de un evento extremo sigue siendo una amenaza para las telecomunicaciones y la red eléctrica. Un estudio paralelo de la NASA y la Universidad de Lancaster también ha indicado que las mediciones actuales subestiman la intensidad del viento solar debido a errores en los satélites. Los expertos advierten que, aunque la probabilidad de un evento de esta magnitud es baja, los sistemas actuales podrían necesitar refuerzos para soportar un impacto de tal escala, dado que solo llevamos 70 años registrando estos fenómenos.
