Un estudio publicado en PNAS Nexus desmiente la narrativa de que el programa nuclear alemán estuvo a un paso de la criticidad nuclear al final de la Segunda Guerra Mundial. Patrick J. Park, de la Universidad de Columbia, y Timothy W. Koeth, de la Universidad de Maryland, concluyen mediante un análisis de 'arqueología nuclear' que el reactor experimental B8 de Haigerloch carecía de los materiales necesarios para operar. Los investigadores determinaron que el diseño requería entre 1,9 y 2,7 veces más uranio y entre 2,1 y 2,4 veces más agua pesada de la que el reactor realmente utilizó. Esta conclusión contradice la afirmación de Werner Heisenberg, quien defendió en 1947 que el fracaso se debió a una escasez mínima de uranio. El análisis revela que la cadena de suministro de agua pesada, dependiente de la producción noruega de Norsk Hydro, se rompió en 1944 debido a sabotajes aliados y bombardeos, dejando al reactor sin su moderador esencial. Además, el grafito disponible en Alemania contenía impurezas de boro que impidieron su uso como moderador viable. Los autores advierten que la falta de coordinación industrial y la dependencia de recursos dispersos hicieron imposible la viabilidad técnica del proyecto, independientemente de la voluntad política de la época.
