Un estudio de la Escuela de Economía de Londres revela que los científicos que confían en que la tecnología resolverá la crisis climática son significativamente menos propensos a actuar cívicamente. La investigación, publicada en Environmental Research Letters, analizó datos de más de 9.000 científicos de 115 países y encontró que aquellos con una visión 'tecnó-optimista' son un 23% menos probables de firmar peticiones o participar en protestas en comparación con sus pares que dudan de la eficacia tecnológica. Además, estos científicos muestran un 18% menos de probabilidad de realizar cambios de estilo de vida de alto impacto, como reducir sus vuelos o adoptar dietas veganas o vegetarianas.
Fabian Dablander, autor principal del estudio, señala que esta creencia, denominada 'tecnó-optimismo', fomenta una dependencia excesiva de soluciones no probadas, ignorando las transformaciones socioeconómicas necesarias. Dablander explica que las soluciones tecnológicas son políticamente atractivas porque prometen abordar el cambio climático sin exigir cambios en el consumo. Por su parte, el científico Kevin Anderson, de la Universidad de Manchester, critica esta tendencia, argumentando que el optimismo tecnológico actúa como un refugio para evitar la responsabilidad personal y posponer decisiones difíciles. Anderson señala que la evidencia científica detrás de estas promesas es insuficiente, creando una inversión paradójica donde la mayor incertidumbre genera mayor entusiasmo por soluciones no respaldadas.
