Un equipo de investigadores de la Universidad de Aarhus y la Queen Mary de Londres ha publicado en Nature Communications un análisis que desmiente la creencia popular de que todas las calzadas romanas conducían a Roma. Tras examinar casi 300.000 kilómetros de vías del Imperio, los expertos determinan que la ciudad eterna no era el centro neurálgico de la red de transporte terrestre, sino un apéndice periférico. En su lugar, ciudades como Bizancio, Antioquía, Ancira y Corinto funcionaban como puntos nodales estratégicos, conectando las partes europea y asiática del continente.
El estudio empleó el método de centralidad de red para calcular la relevancia de cada punto en la conectividad general. Los autores advierten que su análisis se limita al transporte terrestre, por lo que no refleja la movilidad marítima o fluvial, donde Roma sí mantenía una posición céntrica. Además, los datos refutan la idea de que las carreteras romanas fueran rectas; los ingenieros adaptaban sus trazados a la topografía, utilizando técnicas como terrazas y muros de contención para mantener pendientes inferiores al 16%. Esta infraestructura facilitó no solo el paso de tropas y comerciantes, sino también la difusión de ideas, creencias religiosas e innovaciones. Los investigadores señalan que esta red antigua guarda una relación cuantificable con la infraestructura de transporte moderna, aunque este vínculo varía según la orografía y la evolución histórica de las regiones.
