Un equipo de la Universidad de Friburgo ha determinado que los cetáceos han superado un punto de no retorno evolutivo que les impide regresar a la vida terrestre. Tras analizar 5.635 especies de mamíferos, los investigadores clasificaron las formas de vida en un gradiente desde lo puramente terrestre hasta lo totalmente acuático. Los modelos filogenéticos revelan que mientras la transición de terrestre a semiacuático es reversible, el paso definitivo a la vida marina cierra biológicamente esa puerta. La probabilidad matemática de una reversión anatómica de tal magnitud es prácticamente nula.
Esta irreversibilidad se debe a adaptaciones extremas que desmantelaron la anatomía terrestre: las extremidades anteriores se convirtieron en aletas rígidas, las posteriores desaparecieron dejando solo huesos vestigiales y la columna vertebral se modificó para la propulsión caudal. Además, el registro genómico muestra pérdidas funcionales irreversibles, como la inactivación del gen TRPA1, crucial en mamíferos terrestres para detectar estímulos nocivos y regular la temperatura, pero adaptado o perdido en cetáceos para sobrevivir en aguas profundas.
