Estudio revela escasa recuperación de la vida marina profunda tras Deepwater Horizon

Fuentes: Study reveals minimal recovery of deep-sea life sixteen years after Deepwater Horizon, wired.com

Dieciséis años después de la explosión del buque petrolero Deepwater Horizon, la vida marina profunda del Golfo de México sigue sin recuperarse. Un estudio reciente, publicado en las Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela que las poblaciones de especies fundamentales como el pulpo, la calamar, el krill, el camarón y el pez linterna han experimentado una disminución de entre el 60 y el 85 por ciento en los primeros tres años y medio tras el desastre de 2010. Los investigadores, basándose en sondeos acústicos y miles de muestras de redes en todo el Golfo, concluyen que no hay evidencia sólida de que la vida en las profundidades haya rebotado, describiendo la pérdida como la "caída más rápida y severa" de la vida animal en la capa oceánica que se extiende desde aproximadamente 600 pies de profundidad hasta más de dos millas.

El estudio, liderado por la autora principal Tracey Sutton, profesora de ciencias marinas y ambientales en la Universidad de Nova Southeastern, en Florida, utilizó una metodología rigurosa que combinó tres líneas de evidencia: la captura de redes, los sondeos acústicos y el muestreo genético. Los científicos compararon datos de línea base obtenidos durante nueve meses de muestreo en 2011 con nueve sondeos posteriores realizados entre 2015 y 2023. Al descartar otros factores como la temperatura del agua y los niveles de oxígeno, los autores identifican la filtración del Deepwater Horizon como la "explicación más parsimoniosa" para el colapso del ecosistema. Esta conclusión ha sido respaldada por expertos independientes como Bruce Robison, de la Universidad de Investigación de la Bahía de Monterey, quien destacó la solidez del estudio por el número inusualmente alto de muestras de redes, y Jeffrey Drazen, de la Universidad de Hawái en Manoa, quien señaló que la eliminación lógica de otras causas deja sin duda de que la contaminación por petróleo sea la causa del declive.

Más allá de la reducción numérica de las poblaciones, el estudio señala un riesgo crítico: la pérdida de diversidad genética. Los investigadores advierten que las poblaciones pueden no albergar las características genéticas necesarias para sobrevivir en un mundo en rápida cambio. Además, se ha detectado la presencia de compuestos relacionados con el petróleo en la carne de calamares y pulpos, así como en los huevos de peces a gran profundidad. Esta contaminación persistente puede dañar la reproducción y el desarrollo, o incluso provocar la muerte prematura. Un hallazgo particularmente preocupante es que los contaminantes pueden interferir con el sentido del olfato altamente desarrollado de algunas especies, dificultándoles encontrar a sus parejas en las profundidades oscuras, lo que podría acelerar el declive demográfico.

El contexto del desastre es inmenso. La explosión y el incendio ocurrieron el 20 de abril de 2010, matando a 11 personas y desencadenando la mayor derrame accidental de petróleo en la historia marina. Durante 87 días, el buque vertió 4,9 millones de barriles de petróleo a una tasa de aproximadamente 400 camiones cisterna por día, suficiente para llenar 1,2 millones de automóviles, y liberó 7,7 mil millones de pies cúbicos de gas fósil. Aunque parte del petróleo se disipó o fue transportado fuera de la región, los restos de hidrocarburos y dispersantes químicos permanecieron suspendidos en el agua, causando daños casi irreparables. En 2016, BP acordó un acuerdo de 20.800 millones de dólares, incluyendo hasta 8.800 millones para la restauración ambiental, mientras que los esfuerzos de restauración involucran a agencias federales, estatales y tribales.

Las implicaciones de estos hallazgos trascienden el Golfo de México. Los autores advierten que los hábitats profundos, que a menudo se perciben como bufferizados de la actividad humana, han sido empujados a un estado de resiliencia limitada. Este hallazgo es crucial para la política industrial, ya que sugiere que la minería profunda propuesta podría dañar el ecosistema antes de que se establezcan las condiciones de línea base. Además, el declive de especies clave como el krill y el pez linterna, que son fundamentales para la red alimentaria del Golfo, podría reducir la capacidad del océano para transportar dióxido de carbono desde la atmósfera hacia las profundidades. La comunidad científica, incluyendo a expertos como Drazen y Robison, enfatiza que estos resultados demuestran que los impactos humanos pueden agotar la vida marina incluso en aguas muy profundas, un hallazgo que subraya la gravedad del desastre y la necesidad de una comprensión pública más clara sobre la magnitud de la catástrofe, que ha superado los 15 años desde su inicio.