Un estudio internacional publicado en la revista Cell ha determinado que la integración en el Imperio romano modificó profundamente la composición genética de la península ibérica, superando en impacto a la llegada de los visigodos. La investigación, liderada por el Instituto de Biología Evolutiva y el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, analizó 243 genomas antiguos de 31 yacimientos para reconstruir la evolución de la población entre los siglos I y VIII. Según los datos, mientras que la movilidad romana facilitó una alta diversidad de ascendencias, las migraciones germánicas posteriores al año 409, cuando alanos, vándalos y suevos penetraron en la península, produjeron cambios demográficos más limitados. La aportación genética de estos grupos se sitúa entre el 12% y el 22%, dependiendo de la región, en contraste con la mayor diversidad observada en los siglos I al IV. El análisis de tumbas de nueve mujeres del siglo V, conocidas como 'princesas suevas', revela que al menos una de ellas tenía ascendencia local, sugiriendo matrimonios entre familias hispanorromanas y nuevas élites. Aunque el estudio destaca la escasez de muestras antiguas del norte peninsular y la dificultad técnica por la cremación habitual, los investigadores planean ampliar el análisis a épocas medievales para entender la evolución de esta diversidad genética.
