¿Por qué algunos científicos logran revolucionar un campo mientras que otros se convierten en guardianes del conocimiento establecido? La respuesta podría estar en cómo la creatividad científica evoluciona a lo largo de una carrera profesional. Un nuevo estudio de las universidades de Pittsburgh y Chicago, que analizó la producción de más de 12 millones de científicos entre 1960 y 2020, ha propuesto un modelo que divide la creatividad en dos expresiones distintas: por un lado, la creatividad conectiva, que consiste en recombinar ideas existentes para crear nuevas conexiones; por otro, la creatividad disruptiva, esos momentos de inspiración revolucionaria que cambian completamente el rumbo de un campo, como los que tuvo Einstein en 1905 cuando tenía apenas 26 años y publicó sus cuatro artículos fundamentales sobre relatividad especial, equivalencia masa-energía, efecto fotoeléctrico y movimiento browniano. Los resultados demuestran que los investigadores tienden a aumentar su capacidad para la creatividad conectiva a medida que envejecen, mientras que su habilidad para la creatividad disruptiva disminuye. Esto se debe a que, con la experiencia, los científicos desarrollan un apego emocional a las ideas sobre las que construyeron su carrera, lo que hace más difícil reemplazarlas. El físico Max Planck expresó esto con su famoso lema de que «la ciencia avanza un funeral a la vez», sugiriendo que los expertos establecidos frenan el progreso cuando se aferran a paradigmas pasados. El caso de Einstein es paradigmático: joven revolucionó la física, pero ya anciano se opuso fervientemente a la mecánica cuántica, precisamente la teoría que estaba abriendo nuevas fronteras en la física. Los autores del estudio citan al escritor de ciencia ficción Douglas Adams, quien observó que lo que existe al «nacer» intelectual se siente normal, lo que aparece durante la carrera temprana se siente revolucionario, y lo que emerge después de la madurez se siente sospechoso. Este patrón tiene implicaciones importantes para la organización de equipos de investigación, la asignación de recursos y la formación de nuevos científicos.
Estudio con 12 millones de científicos revela el patrón de la creatividad revolucionaria
