Un metaanálisis australiano que analizó 15 estudios sobre radares tradicionales y 4 sobre radares de tramo concluye que estos últimos son significativamente más eficaces para reducir accidentes graves. Según los datos, la incorporación de radares de tramo disminuye los accidentes en un 30%, frente al 20% de los radares convencionales, y reduce las lesiones mortales o graves en un 56%.
El estudio identifica el 'efecto canguro' como la causa principal de esta superioridad. Este fenómeno describe el comportamiento del conductor que frena bruscamente al ver un radar tradicional, pero vuelve a acelerar con fuerza una vez superado el dispositivo, similar al salto del canguro. En cambio, los radares de tramo, que cubren distancias extensas, mantienen una vigilancia continua que impide este ciclo de frenado y aceleración, manteniendo una velocidad más estable y reduciendo el riesgo de colisiones.
