Numerosas empresas están adoptando inteligencia artificial generativa sin una estrategia clara, lo que genera inversiones malogradas y desconcierto entre los empleados, según varios consultores y encuestas del sector. Un ingeniero de IA de una firma de análisis de datos, que pidió el anonimato, explicó que la dirección quiso usar IA generativa para clasificar la base de clientes en personas, pese a que él recomendó un modelo de aprendizaje automático tradicional, más barato y preciso.
En febrero, Accenture comunicó a su plantilla que las promociones a puestos directivos exigirían un "uso regular de herramientas de IA" y que monitorizaría el uso de su plataforma interna. En mayo, su competidora KPMG anunció un cuadro de mando para verificar si sus empleados estadounidenses alcanzan un objetivo de uso del 75% de sus herramientas de IA.
El Gobierno británico confía en la IA para "recablear" el Estado y ganar eficiencia, pero una investigación del sindicato de funcionarios FDA reveló que menos de un tercio del funcionariado había sido consultado sobre el despliegue. Su secretario general, Dave Penman, calificó el proceso de "incoherente entre departamentos, lo que limita las ganancias de productividad".
Dan Boyles, director de la consultora Hello AI Collective, afirmó que los ejecutivos suelen discrepar sobre los motivos para adoptar IA. En una empresa de petróleo y gas a la que asesoró, el comité de dirección aportó tres razones distintas para impulsar la IA. Un consultor sénior de una gran firma señaló que los "daños" de los despliegues fallidos se deben a que las organizaciones no obtienen el retorno esperado y no logran implicar a su personal.
Caroline Rawlinson, CEO de Culture Amp, indicó que un tercio de los profesionales de recursos humanos reconoce que nadie ostenta la estrategia de IA en sus empresas. La cultura previa, añadió, determinará si el despliegue tiene éxito o se convierte en "un gran esfuerzo baldío".
