El ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, ha atribuido formalmente a Rusia un ataque incendiario perpetrado en agosto contra Milrem Robotics, una empresa de defensa que colabora habitualmente con el Gobierno estonio. Según Tsahkna, basado en la información del Servicio de Seguridad Interior, este incidente constituye un acto de sabotaje ordenado por los servicios especiales de la Federación Rusa. El ministro estonio aseguró que los autores han sido detenidos y ya no representan una amenaza para la seguridad nacional.
La agencia de seguridad nacional de Estonia, Kaitsepolitseiamet (KAPO), describe el ataque como un acto deliberado y planificado, coherente con otros sabotajes llevados a cabo en Europa en nombre de Rusia. KAPO señala que las empresas de la industria de defensa, especialmente aquellas dedicadas a la tecnología de drones, han sido objetivos prioritarios de los servicios de seguridad rusos desde el inicio de la guerra de agresión contra Ucrania. Hasta la fecha, se han identificado y detenido a más de 20 personas implicadas en ataques físicos en nombre de estos servicios.
Este incidente se considera un salto cualitativo en la estrategia del Kremlin, superando en gravedad al ataque de un dron ruso al aeropuerto de Leipzig, Alemania, que fue asumido por la OTAN y la Comisión Europea. En la misma línea, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha pedido calma, destacando que Rusia está fracasando en su intento de debilitar la determinación de la alianza. Por su parte, el primer ministro de Lituania, Mindaugas Sinkevicius, ha rechazado las advertencias sobre una posible invasión de tropas rusas en territorio europeo, calificándolas de exageraciones sin pruebas reales. El primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson, ha respaldado a Estonia y ha señalado la gravedad de la atribución del ataque.
