El ingeniero Jesse Li documentó cómo, a partir de una sola fotografía de la pared de la estación Smith–Ninth Streets en Brooklyn —hecha de hormigón y cubierta por marcas de zapatos dejadas por viajeros que esperan el tren recostando el pie contra ella—, se puede reconstruir la distribución de estaturas de los usuarios del metro neoyorquino. La pared conserva mejor las rozaduras que los azulejos lisos del resto de la red, formando una franja oscurecida unos 45 centímetros por encima del suelo.
El método, descrito paso a paso con código en Python, utiliza el teclado amarillo de la puerta de mantenimiento, de 32 pulgadas, como referencia para convertir píxeles en distancia real. Tras aislar la región con marcas y calcular la luminancia relativa de cada píxel, el autor promedia la oscuridad de cada fila y la representa frente a la altura sobre el suelo, obteniendo una curva que muestra dónde golpean los zapatos la pared. De manera experimental, Li comprobó que su propia rozadura se sitúa al 27 % de su estatura, lo que permite escalar el gráfico y derivar una distribución aproximada de alturas, cuya media resulta razonable.
El propio autor reconoce limitaciones: el modelo asume que la proporción entre la altura de la rozadura y la del cuerpo es constante, lo que no es cierto, y no considera el ángulo con el que cada persona flexiona la pierna. Propone como trabajo futuro aplicar inferencia bayesiana si se conociera la distribución de esos ángulos, e invita a colaborar por correo y a compartir otros patrones de desgaste urbanos.
