Estados Unidos está a punto de despertar ante la amenaza que representa el programa espacial chino. En la comunidad espacial occidental existen dos corrientes de pensamiento sobre la posibilidad de que China lleve astronautas a la Luna en los próximos años y supere a la NASA en su intento de regresar allí. Para algunos, no es relevante: la victoria del Apollo 11 hace casi seis décadas demuestra la magnitud del logro estadounidense. Para otros, en cambio, permitir que China llegue primero supondría un triunfo geopolítico mayúsculo: Beijing podría proclamar que no solo ha alcanzado a Estados Unidos, sino que lo ha superado como superpotencia de este siglo.
La prueba más reciente de esta competencia podría llegar este mismo mes. China prevé lanzar este domingo un cohete Larga Marcha 5 desde un puerto costero con la misión lunar Chang'e 7, la más sofisticada de su programa de exploración lunar, que comenzó hace casi dos décadas. La misión incluye el envío de orbitadores, aterrizadores y un rover al polo sur de la Luna, donde se sospecha que existen reservas de hielo de agua, un recurso clave para futuras misiones tripuladas.
