España se ha convertido en el primer país de la Unión Europea en regular una tecnología capaz de analizar los gases de escape de un vehículo en circulación, sin necesidad de pasar por un control ni de detener el coche. Se trata de los Dispositivos de Detección Remota (RSD), instalados en los márgenes de carreteras y calles como un radar de velocidad. Al pasar un turismo, un haz de luz infrarroja y ultravioleta atraviesa la estela del tubo de escape y, en milisegundos, mide la concentración de monóxido de carbono, dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas finas. Una cámara de lectura automática de matrículas vincula la medición con el propietario y su distintivo ambiental. La nueva norma técnica española UNE 82509:2026 establece los criterios de metrología y los requisitos que deben cumplir estos dispositivos. Opus RSE, con sede en España, es el único laboratorio del mundo acreditado bajo la norma ISO-17025 en este ámbito. El objetivo es identificar a los grandes contaminantes, ya que entre el 1 % y el 2 % del parque automovilístico genera alrededor del 40 % de las emisiones en carretera. Estos equipos no solo detectan coches antiguos o mal mantenidos, sino también vehículos con etiquetas limpias e incluso cero emisiones que no cumplen en la práctica, además de aquellos con sistemas trucados. La Guardia Civil los usó recientemente para destapar una trama que desconectaba los sistemas SCR de reducción de óxidos de nitrógeno en camiones. Las multas previstas oscilan entre 750 y 3.000 euros, con un mes de margen para reparar el vehículo antes de su inmovilización. La Comisión Europea negocia ahora el Paquete de Inspección Técnica de Vehículos, que crearía una red europea de monitorización remota, mientras Bélgica, China, India, Corea del Sur y Taiwán ya han mostrado interés por la tecnología española.
