La flota española de aviones anfibios pesados para la extinción de incendios forestales enfrenta una crisis de capacidad debido al envejecimiento acelerado de sus unidades y a la imposibilidad de renovarlas a tiempo. Durante el verano de 2026, los medios aéreos del Estado acumularon 10.000 horas de vuelo y realizaron más de 50.000 descargas de agua, cifras que representan un 27 % más de horas y un 30 % más de salidas que en 2025, superando incluso la media de la última década. Esta alta demanda coincide con una temporada de incendios intensa, que hasta el 20 de septiembre registró 275.154 hectáreas quemadas, 2,5 veces la media del decenio 2016-2025, y 21 fallecidos, el peor año en mucho tiempo.
El problema radica en la obsolescencia de la flota actual, compuesta por 14 aviones (10 CL-215T con más de tres décadas de servicio y 4 CL-415, los últimos recibidos en 2016). La renovación está bloqueada por la falta de demanda: Canadá rechazó producir el sustituto del CL-415 (DHC.515) hasta alcanzar un mínimo de 20 pedidos, y España firmó la compra conjunta de la UE en 2024, lo que retrasa la llegada de nuevas unidades hasta 2028. Además, el contrato de modernización de aviónica de los CL-215T, adjudicado en 2022, se extinguió este año por falta de manuales técnicos del fabricante. Con la llegada de los nuevos aviones prevista para 2029, España debe alquilar recursos adicionales, una vía que se ha vuelto más costosa y compleja por la falta de presupuestos y el aumento de precios.
