España ha entrado en una configuración atmosférica bautizada como "horno ibérico", que dejará temperaturas de entre 42 y 44 grados en buena parte del centro, oeste y sur peninsular. El modelo europeo de previsión meteorológica apunta a anomalías de más de ocho grados sobre la media estacional, con picos de hasta 35 grados en el norte entre el domingo 5 y el martes 7. Las mínimas nocturnas tampoco bajarán de los 25 grados en muchos puntos del país.
El fenómeno, recurrente en los últimos veranos, se produce cuando una masa de aire caliente queda atrapada sobre la Península, generalmente por un anticiclón que genera estabilidad, cielos despejados y un descenso del aire que, al comprimirse, eleva las temperaturas. No siempre requiere aire sahariano, ya que España genera por sí misma condiciones de calor extremo, aunque la presencia de partículas en suspensión desde el Sáhara suele limitar las máximas.
El episodio llega mientras Europa aún no se ha recuperado de la ola de calor más severa registrada, que ha causado, según fuentes oficiales francesas, alrededor de 1.000 muertes adicionales en ese país y varios centenares más en el resto del continente. Las autoridades y especialistas insisten en que la concatenación de eventos térmicos extremos agrava los riesgos sanitarios, especialmente entre personas mayores y colectivos vulnerables.
