En la sexta entrega de su serie sobre el uso de sistemas AArch64 como escritorio, Marcin Juszkiewicz relata su experiencia con una máquina de 80 núcleos Arm con Fedora y llega a una conclusión directa: para un equipo de escritorio, pocos núcleos rápidos son mejores que muchos lentos.
El sistema ejecuta compilaciones masivas de paquetes Fedora con soltura (ccache en memoria, 128 GB de RAM en uso constante), pero la carga del 100% de la CPU en todos los núcleos vuelve inutilizables las tareas cotidianas: Spotify entrecorta el audio, los vídeos en línea se detienen, e incluso al limitar cpu.max mediante cgroups la reproducción sigue sin ser fluida. En comparación, en un Ryzen 5 3600 con sus doce hilos al 100% por una compilación en segundo plano, la música no se corta. Para el autor, eso evidencia que la latencia, el planificador y los cambios de contexto de un Arm con muchos núcleos introducen un ruido que el usuario de escritorio percibe de inmediato.
Juszkiewicz también subraya la falta de rendimiento monohilo de los procesadores Arm. Bitwarden tarda más en desbloquearse en el navegador que en el Ryzen, y benchmarks sencillos en el navegador arrojan peores resultados en la plataforma Arm. Detrás hay una realidad de compilaciones: muchas herramientas, enlazadores y bootstraps no son paralelizables, por lo que 70 núcleos pueden quedar ociosos mientras un puñado de ficheros —a veces dos archivos de más de dos megabytes de C generado por máquina— se procesan en uno o dos hilos. El autor recuerda que ya en 2018 escribió sobre los problemas de las compilaciones paralelas en AArch64 y que el escenario apenas ha cambiado.
La conclusión es clara: un escritorio no necesita muchos núcleos, necesita unos pocos y rápidos. Para quien combine carga de trabajo y uso diario, un chip x86-64 con menos núcleos pero más veloces, como el Ryzen 5 3600, ofrece por ahora una mejor experiencia que una CPU Arm de clase servidor con 80 núcleos.
