Erin Brockovich, la activista conocida por su lucha contra la contaminación de aguas en Hinkley (California), ha emprendido una nueva batalla contra los centros de datos que las tecnológicas levantan para entrenar inteligencia artificial. Tras una llamada en su web en abril, 3.862 personas le escribieron preocupadas por proyectos en sus comunidades. Con esas respuestas ha elaborado un mapa colaborativo que documenta 33 centros operativos, 68 en construcción y 41 proyectados solo en Estados Unidos, junto con 7.005 reportes vecinales.
Brockovich, de 66 años, advierte de que muchos desarrolladores firman acuerdos de confidencialidad con autoridades locales y modifican normativas urbanísticas sin consulta pública. Cuando los ayuntamientos intentan frenar los proyectos, son demandados por las promotoras por más de 100 millones de dólares, como ocurrió en el condado de Hill, Texas. Además, dos tercios de los centros previstos se ubicarán en zonas con sequía, y los más grandes pueden consumir hasta 5 millones de galones de agua diarios para refrigeración, el equivalente a 50.000 personas. Vecinos denuncian subidas de facturas, fauna silvestre desplazada y animales muertos. «Nos enfrentamos a fuerzas que tienen todo el dinero del mundo», resume.
