La figura de Enzo Ferrari, nacido en Módena en 1898, se entiende a la luz del contexto cultural y económico de su tiempo. El texto recorre su biografía —desde sus primeros trabajos como mecánico y piloto hasta la fundación en 1947 de un equipo propio tras romper sus lazos con Alfa Romeo— para explicar cómo Ferrari convirtió la velocidad en un producto de lujo dirigido a las élites. Esa demanda respondía, según recoge la obra de Thorstein Veblen, a la necesidad de las clases acomodadas de exhibir su tiempo libre y su capacidad de desafiar los límites, un impulso que las vanguardias de principios del siglo XX —del futurismo al fascismo— llevaron a su máxima expresión con carreras como las 24 Horas de Le Mans (1924) y la Mille Miglia (1927). Tras la Segunda Guerra Mundial, la marca asentó su lugar entre aristócratas y nuevos ricos con modelos como el Ferrari 166 Inter, el primero de calle, y el V12. El artículo también analiza la tragedia de 1957 en la Mille Miglia, en la que el piloto español Alfonso de Portago, marqués de Portago, perdió la vida junto a su copiloto y catorce espectadores, un episodio que precipitó el fin de la prueba en su formato original y que, según se recoge, endureció el carácter de Il Commendatore. La pieza cierra con la máxima que Vincenzo Borgomeo atribuye a Ferrari: eligió los automóviles como símbolo de extrema libertad para el hombre.
