Arqueólogos han desenterrado en el yacimiento neolítico de Karahan Tepe, en la provincia de Şanlıurfa (sur de Turquía), una singular estatua de 70 centímetros de altura que representa a un humano sentado sobre un leopardo. La pieza apareció sobre una plataforma de piedra adosada a la pared de una estructura circular de unos tres metros de diámetro pavimentada con losas, el lugar que los investigadores consideran su ubicación original.
Karahan Tepe, situado a unos 48 kilómetros al este del célebre complejo de Göbekli Tepe, comparte con este los característicos pilares en forma de T, más de 250 de los cuales se han documentado allí, y una iconografía animal similar. El sitio se distingue, no obstante, por la abundancia de espacios excavados en la roca y de figuras humanas esculpidas en tres dimensiones.
Desde que en 2019 comenzaron las excavaciones sistemáticas se han hallado diversas esculturas antropomorfas y zoomorfas, a menudo en combinaciones inesperadas. Varias de ellas muestran a un ser humano cargando con un leopardo a la espalda; sin embargo, en esas representaciones los felinos aparecen con los dientes al descubierto, claramente vivos y agresivos, y no como presas transportadas tras una cacería. La nueva escultura invierte esa fórmula: en lugar de llevar al animal, el humano está montado sobre él. Los arqueólogos aún no pueden determinar si este cambio transmite una narrativa, un estatus o una relación simbólica distinta, pero consideran que aporta una pieza clave para estudiar cómo los habitantes del lugar concebían la frontera entre humanos y fauna salvaje.
Los leopardos tienen un peso iconográfico notable en Karahan Tepe: aparecen en bultos, figuras exentas e incisiones sobre los megalitos. A menos de 20 kilómetros del yacimiento se localiza además un relieve de alta factura con un hombre asido a su propio falo flanqueado por dos leopardos rugientes, considerado la escena narrativa más antigua conocida.
