El negocio clandestino de triturar libros para alimentar a la inteligencia artificial
La industria de la inteligencia artificial ha puesto sus ojos en un recurso inesperado: los libros de segunda mano. Empresas del sector están adquiriendo lotes masivos de obras antiguas en librerías de viejo de todo el mundo, para escanearlas digitalmente y, a continuación, destruirlas. La práctica, que ya alcanza escala global, ha movilizado a libreros españoles y ha superado en junio de 2025 un primer escollo legal en Estados Unidos.
El fenómeno se detectó en España a través de un patrón peculiar: compradores automatizados que realizan pedidos consecutivos cada minuto, sin importar el precio ni la coherencia temática. Marçal Font, de la librería Fènix, en Badalona, ha vendido desde finales de abril a una empresa canadiense identificada como ZoomBooks, que a su vez envía los lotes a un operador logístico en Illinois, PrepFort, encargado de escanear y catalogar los envíos. Una veintena de librerías españolas han realizado ventas similares, con encargos que en algunos casos superan los mil ejemplares. El material predilecto es la no ficción descatalogada: monografías locales, manuales técnicos, actas de congresos de hace medio siglo o dietarios de la Guerra Civil. Desde Xataka se señala que el mismo patrón se repite en Alemania, Estados Unidos, Nueva Zelanda o Australia, donde una compañía de Silicon Valley llegó a pedir más de 3.000 libros a una librería española.
El intermediario más explícito es ISBNdb, una base de datos de metadatos bibliográficos que ofrece a laboratorios de IA la compra de entre mil y un millón de libros por encargo. Su propia web lo plantea sin ambigüedades: los libros impresos anteriores a 2022 constituyen la reserva de texto humano que ningún rastreo de internet puede ya garantizar, protegidos frente a la contaminación de IA que inunda la red. Como señala un post viral recogido en X por la cuenta @ASH, esta plataforma llega a ofrecer acuerdos de confidencialidad como característica estándar y reconoce que «'una empresa de IA destruye dos millones de libros' no es un titular que genere simpatía».
La clave legal de esta práctica se encuentra en la sentencia del juez federal William Alsup en el caso Bartz contra Anthropic, dictada en junio de 2025. El fallo considera que entrenar modelos de lenguaje con libros comprados legalmente constituye un uso transformador amparado por la doctrina del fair use, pero solo si el ejemplar impreso desaparece tras el escaneo. Si el libro físico sobreviviera, la empresa conservaría dos copias habiendo pagado una, y el argumento se debilitaría. De ahí la trituradora: la destrucción del original es un requisito legal, no un accidente logístico. Meses antes de la sentencia, Anthropic ya llevaba en marcha una operación interna bautizada como Project Panama, definida en documentos desclasificados como «escanear destructivamente todos los libros del mundo». La compañía habría contratado para ello al antiguo responsable de alianzas de Google Books, según la filtración de The Washington Post. ZoomBooks, el intermediario canadiense, niega colaborar directamente con Anthropic y se limita a responder que no comenta acuerdos comerciales sujetos a confidencialidad.
¿Qué preocupa a los libreros? Las asociaciones del sector, como UNILIBER, han alertado al Ministerio de Cultura de lo que califican como una forma de «expolio literario». Su presidente, Miguel Ángel Ortega, recuerda que el gremio cumple funciones de preservación del patrimonio bibliográfico. El material ya protegido por depósito legal apenas corre riesgo, pero existen publicaciones que rara vez figuran en catálogos: fanzines, boletines vecinales, documentación de movimientos sociales, ediciones locales casi únicas. Son precisamente estos volúmenes los que más fácilmente acaban en el circuito comercial de segunda mano.
¿Hay visiones discrepantes? Sí. Mientras el investigador Xavier Vinaixa advierte del riesgo de colapso del modelo si la IA deja de entrenarse con texto humano puro, el analista Antonio Ortiz matiza que la escasez de datos pesa hoy menos que hace dos años porque el entrenamiento se apoya cada vez más en aprendizaje por refuerzo sobre datos ya cualificados. La investigadora Patrícia Ventura, por su parte, enmarca el debate en una cuestión más amplia: el conocimiento no puede convertirse en una reserva privada de unas pocas compañías.
Lo que comenzó como una anomalía detectada por libreros españoles se ha confirmado como una operación global, con respaldo judicial en Estados Unidos y una cadena de intermediarios dispuesta a facilitar el flujo de millones de libros hacia la trituradora. El estado actual del fenómeno es abiertamente comercial: existen empresas que ofrecen el servicio de sourcing y destrucción como un producto más, con NDA incluido. Lo que cabe esperar es que la presión regulatoria y la movilización del sector del libro antiguo eleven el debate desde los tribunales hacia los parlamentos, en un momento en que la frontera entre patrimonio cultural y materia prima algorítmica se difumina a velocidad creciente.
