El biohacker Bryan Johnson, célebre por su empeño en no morir jamás, reveló el 30 de junio que padece gastritis autoinmune, una enfermedad incurable que el sistema inmunitario dirige contra las células productoras de ácido del estómago. El anuncio, lejos de generar simpatía unánime, provocó una oleada de contenido en redes donde influencers del bienestar aprovecharon para proclamar que la optimización extrema no garantiza la salud. La columnista de The Verge Victoria Song rebate esa postura y propone empatizar con quienes recurren al biohacking. Describe su propio periplo de una década con síndrome de ovario poliquístico metabólico e hígado graso no alcohólico, marcado por pruebas fallidas, médicos que descartaban sus síntomas y la búsqueda obsesiva en wearables de una explicación a su fatiga y niebla mental. Comparte el itinerario diagnóstico de Johnson: médicos que durante años atribuyeron sus bajos niveles de hierro a causas incompatibles con su perfil, hasta que una biopsia reveló la dolencia tras años de monitorización. Song recuerda que los wearables no son una línea de meta, que los datos no resuelven todos los males y que la salud sigue siendo un hábito de por vida basado en dieta equilibrada, sueño y ejercicio.
Empatía con los optimizadores de salud
Fuentes:
Empathy for the optimizers
