La jurista italiana Eleonora Rosati, catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Universidad de Estocolmo y una de las mayores expertas europeas en la materia, advierte de que creadores como Taylor Swift ya están buscando fórmulas para proteger sus derechos frente a la inteligencia artificial, en un contexto de creciente tensión legal con las grandes tecnológicas. En una entrevista con EL PAÍS antes de su conferencia en un congreso de Egeda y Red.es en Madrid, Rosati sostiene que los derechos de autor son preventivos: quien quiera entrenar un modelo de IA necesita autorización o acogerse a una excepción legal.
La experta considera que la regulación europea es garantista, pero subraya la incertidumbre sobre cómo se interpretarán las excepciones de minería de textos y datos, que exigen fines de investigación y acceso legítimo a los contenidos. Rechaza la analogía entre una persona que lee libros y una máquina que reproduce masivamente documentos: técnicamente, la IA realiza actos de reproducción reservados a los titulares. También apunta que la memorización es irrelevante jurídicamente: basta con que la copia haya tenido lugar para que el derecho de autor se active.
En Estados Unidos, decenas de demandas colectivas contra OpenAI, Microsoft y Anthropic están pendientes, y la posición predominante es que el fair use no ampara contenidos obtenidos de webs piratas, como ilustra el acuerdo extrajudicial de 1.500 millones de dólares alcanzado por Anthropic con un grupo de autores. Francia ultima una ley que invierte la carga de la prueba al introducir una presunción de uso para entrenamiento, un modelo que algunos proponen extender a toda la UE.
