Un pequeño barco de pasajeros, el Wilderness Legacy, rescató el pasado 3 de agosto una embarcación menor a la deriva en aguas del sureste de Alaska, en un incidente que rápidamente se convirtió en tema viral en redes sociales por un detalle inesperado: el superyate Launchpad, propiedad del fundador de Meta Mark Zuckerberg y valorado en unos 300 millones de dólares, se encontraba más cerca del lugar y, según los datos de rastreo marítimo, no respondió a la solicitud de asistencia.
Según informó el pasajero Michael Love a través de la red social Bluesky, el capitán del Wilderness Legacy —un crucero réplica de un vapor histórico— anunció a los pasajeros que el yate de Zuckerberg estaba más próximo a la embarcación varada, pero que «rechazó repetidamente responder». El anuncio fue recibido con abucheos generalizados entre los viajeros. Love viajaba a bordo de un crucero por Alaska en el momento del incidente.
De acuerdo con los datos del sistema de identificación automática (AIS) revisados por los medios Alaska Beacon y Halifax Shipping News, y compartidos también por The Verge, el Launchpad detuvo su navegación cerca de la entrada de la bahía de Farragut mientras el Wilderness Legacy proseguía su ruta, daba media vuelta y remolcaba finalmente la pequeña embarcación de 21 pies —con dos mujeres, una niña y un perro a bordo— hasta un lugar seguro.
La Guardia Costera de Estados Unidos confirmó que recibió la alerta a las 21:32 horas del 3 de agosto, cuando la embarcación averiada, sin combustible, pidió ayuda cerca de Point Highland. Sin embargo, en un comunicado recogido por Halifax Shipping News, la Guardia Costera señaló que «a las 21:56 horas se determinó que no se encontraban en situación de peligro y se emitió una solicitud de asistencia marítima voluntaria en su nombre». Esta distinción resulta clave: al no existir una situación legal de distress, los buques cercanos no estaban legalmente obligados a intervenir, tanto por la legislación marítima internacional como por la normativa estadounidense (46 U.S.C. § 2304), que solo obligan al socorro cuando hay riesgo para la vida o la embarcación.
Por su parte, Brian Baker, portavoz de Mark Zuckerberg y Priscilla Chan, declaró a The Verge que «Mark y su familia no se encontraban a bordo en el momento del incidente. Como señaló la Guardia Costera, la embarcación no estaba en distress, y cuando la tripulación revisó el contacto de la Guardia Costera en un canal de radio distinto al que estaban utilizando, la asistencia ya estaba en marcha. Estamos agradecidos de que todas las partes estén a salvo».
Esta versión coincide con la lectura legal del episodio: sin una declaración formal de distress, la negativa del Launchpad —y de su barco de apoyo Wingman, de unos 30 millones de dólares— a responder no constituye una infracción. No obstante, el testimonio del pasajero Love sugiere que la percepción a bordo fue la de una oportunidad perdida de prestar ayuda, en un contexto donde la obligación moral o social de auxiliar a una embarcación con una menor y un perro a bordo difiere de la obligación legal.
El incidente ha reavivado el debate público sobre las responsabilidades —legales y éticas— de los propietarios de grandes yates y embarcaciones de recreo cuando navegan por zonas remotas. Aunque el caso no tendrá probablemente consecuencias legales para Zuckerberg, sí ha generado una oleada de críticas en redes sociales, amplificada por la enorme visibilidad mediática del magnate tecnológico y por el contraste entre el coste del Launchpad y la vulnerabilidad de la pequeña embarcación rescatada.
Por el momento, la Guardia Costera estadounidense y la Marine Exchange of Alaska no han hecho comentarios adicionales, y no se han reportado investigaciones formales. El episodio queda así como un ejemplo de cómo un hecho menor en alta mar —una lancha sin combustible— puede convertirse en cuestión de alcance internacional cuando confluyen rastreos digitales, redes sociales y la presencia de una de las figuras más conocidas del sector tecnológico.
