Leonardo Pisano, conocido como Fibonacci (ca. 1170-1250), fue durante siglos la figura de referencia de la aritmética, aunque apenas se conservan 160 palabras autobiográficas suyas. El matemático italiano no descubrió la llamada sucesión de Fibonacci, documentada en sánscrito desde al menos el año 200 a.C., ni su supuesta conexión con la proporción áurea y la belleza artística, como recuerda Keith Devlin en su nuevo libro Finding Fibonacci (Princeton University Press).
Su aportación decisiva fue otra: introducir en Europa el sistema numérico hindú-árabe, incluidos los dígitos del 1 al 9 y el cero, al que llamó zephirum, derivado del árabe ṣifr. En el contexto de las ciudades-estado italianas, con potencias marítimas como Pisa, Génova y Venecia, los comerciantes necesitaban métodos ágiles para gestionar sus finanzas. Los números romanos resultaban ineficaces para multiplicar y dividir, mientras que el sistema posicional decimal facilitaba además una trazabilidad contable.
En 1202, Fibonacci publicó Liber Abaci, un compendio de 600 páginas que recoge la aritmética hindú-árabe y sus aplicaciones comerciales. El texto introdujo los nuevos símbolos y, durante siglos, inspiró los manuales de aritmética en lenguas vernáculas que se enseñaron en las escuelas europeas.
Devlin sostiene que Liber Abaci "cambió el mundo" y compara a Fibonacci con Steve Jobs. Sin embargo, las historiadoras Raffaella Franci y Elisabetta Ulivi discrepan de su afirmación central: ambas niegan que el manuscrito Livero de l'abbecho (ca. 1280) sea una copia exacta del libro vernáculo perdido de Fibonacci, como afirma Devlin atribuyéndolo a Franci.
