El verano de 2026 está siendo uno de los más brillantes para la industria cinematográfica gracias a cifras de recaudación históricas, encabezadas por dos títulos: 'La Odisea', de Christopher Nolan, que ya supera los 1.100 millones de dólares y se ha convertido en la película IMAX más taquillera de la historia, y 'Spider-Man: Brand New Day', que acumula 2.000 millones y se sitúa como la octava película más taquillera de todos los tiempos.
Sin embargo, detrás de estos datos positivos se esconde un problema estructural: la taquilla global está cada vez más polarizada y concentrada en un número reducido de superproducciones. Mientras unas pocas películas evento arrasan, una parte creciente del catálogo encuentra cada vez más difícil alcanzar audiencias medianas o grandes.
Los datos del Observatorio Europeo del Audiovisual confirman la tendencia: en 2025, las 20 películas más vistas en Europa concentraron el 35% de toda la asistencia, frente al 20% de 2019. Además, solo 112 películas superaron el millón de espectadores, un 28% menos que en 2019, y los títulos que rebasaron los 10 millones de entradas cayeron un 40%, hasta 12. De las 20 cintas más vistas, 16 eran franquicias y 18 eran producciones estadounidenses.
A esto se suma la paradoja de la taquilla estadounidense, encaminada a ser la de mayores ingresos desde la pandemia pese a contar con un 27% menos de espectadores que en 2019, debido al encarecimiento de las entradas y al empuje de los formatos premium como IMAX. El sector funciona, pero lo hace cada vez más a dos velocidades, con un futuro incierto para las películas que no aspiran a fenómeno.
