Un robot humanoide de un metro veinte, el Unitree G1 fabricado en China, se ha convertido en protagonista de una nueva camada de influencers digitales. Edward Warchocki, el primero en despuntar, recorre las calles de Varsovia saludando, conversando en polaco gracias a un modelo de lenguaje y acumulando más de un millón de seguidores y 4.000 millones de visualizaciones. Lo crearon en Polonia los ingenieros Bartosz Idzik y Radosław Grzelaczyk, que compraron la unidad hace seis meses y le dotaron de personalidad propia.
El fenómeno no es aislado: en Austin actúa Rizzbot, en Nueva York Bart Robot celebra los títulos de los Knicks y en Miami el Brickell Clanker cambia de camiseta en cada fiesta del Mundial de Clubes. Todos comparten el mismo modelo base, un G1 de cara hueca, extremidades de aluminio y luz azul, comercializado por Unitree, la compañía china que lidera el sector y que saldrá a bolsa en dos semanas.
En 2025 Unitree envió 5.511 humanoides a clientes reales a un precio medio inferior a 25.000 dólares, con el 43 % de las ventas fuera de China, y obtuvo beneficios por primera vez. Su director Jake Cooperstein cobra entre 800 y 1.200 dólares por hora cuando lleva al Brickell Clanker a fiestas corporativas. La expansión, no obstante, encuentra un freno regulatorio: en julio la FCC estadounidense prohibió nuevos humanoides chinos, lo que impedirá vender en EE. UU. la próxima generación del G1.
