La línea de alta velocidad entre Lyon y Turín avanza bajo los Alpes con más de 3.000 personas excavando 57,5 kilómetros de túnel (115 km de tubos dobles) para recortar el viaje Milán-París a unas 4 horas y media y unir Lyon con Turín en menos de dos. La obra, pieza central del Corredor Mediterráneo, se financia al 40% con fondos europeos, 35% Italia y 25% Francia, con un coste estimado superior a 11.000 millones de euros, un 30% por encima de la cifra de 2015. El promotor TELT prevé inaugurar la sección italiana en 2033, tras posponer la fecha original de 2030. En el lado francés, el Conseil d'Orientation des Infrastructures propuso en 2023 aplazar la apertura del acceso galo a 2043 y advierte de que la conexión de alta velocidad entre el túnel y la red existente podría costar hasta 12.000 millones de euros por la complicada orografía. Si se cumplen los planes, Francia tendría abierto su acceso en 2033 pero sin la vía de alta velocidad lista, lo que obligaría a los trenes a circular más despacio antes de llegar a Lyon y crearía un cuello de botella. Italia ha pedido aclaraciones a París, cuyo Gobierno ha restado importancia al informe al considerarlo no vinculante. Promotores del proyecto defienden que la infraestructura sacará de la carretera unos 700.000 camiones al año y evitará unas 3 millones de toneladas de CO₂, aunque el tráfico ferroviario y por carretera ya descendía cuando se aprobó definitivamente el proyecto.
