Vidigal y Rocinha, dos de las favelas más conocidas de Río de Janeiro, se han convertido en un inesperado polo de atracción turística que rivaliza con iconos históricos como el Cristo Redentor o la Escalera de Selarón. Según el Anuário do Turismo Carioca 2024, la Secretaría Municipal de Turismo registró 81.600 visitantes extranjeros en Vidigal y 45.600 en Rocinha durante ese año, cifras que las situaron en el TOP 20 de los lugares más concurridos de la ciudad, solo por detrás de playas como Copacabana (925.400) e Ipanema (554.400).
El fenómeno no muestra signos de frenarse. En enero de 2026, Rocinha recibió 41.852 turistas, un 37% más que el año anterior, impulsado por tours de azotea grabados con dron que se viralizan en redes sociales. En 2025 Río alcanzó un récord de 12,5 millones de visitantes, con 2,1 millones extranjeros, un 45% más interanual.
Las autoridades atribuyen el auge a los procesos de pacificación iniciados antes del Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, así como al surgimiento de una red de guías y servicios especializados. La app Na Favela facilita la contratación de experiencias que, según sus impulsores, dinamizan la economía local. Guides como Vitor, exempleado de taxi, han reconducido su carrera hacia el turismo.
Medios como Associated Press, The Guardian, DW y la BBC han analizado el fenómeno, que plantea dilemas sobre los límites entre integración cultural y espectáculo, especialmente ante episodios de violencia que persisten en estos territorios.
