El tubo de ojo mágico, conocido técnicamente como tubo indicador de rayos electrónicos, es una válvula de vacío que ofrece una indicación visual de la amplitud de una señal electrónica, como la salida de audio o la intensidad de una radiofrecuencia. Su uso más extendido fue como indicador de sintonía en receptores de radio, donde mostraba al usuario cuándo una emisora estaba correctamente ajustada.
Inventado en 1932 por Allen B. DuMont, el primer tubo comercial fue el RCA 6E5 de 1935. Los modelos iniciales, como el EM34, se veían por el extremo y solían llevar una base octal o de contacto lateral; más tarde aparecieron versiones más pequeñas con visualización lateral y base noval B9A, como el EM84. Existió también una variante subminiatura (DM70/DM71, 1M1/1M3, Y25) pensada para alimentación por batería, empleada en algunos receptores de AM/FM y en magnetófonos de bobina abierta.
En su interior, el tubo combina un triodo amplificador con una sección de visualización: un ánodo cónico recubierto de silicato de zinc (willemita) que emite fluorescencia verde al recibir electrones. Un electrodo de control, a 150-200 V negativos respecto al ánodo, repele electrones y crea un sector oscuro. Cuando llega una señal, la tensión de control automático de ganancia (AGC) hace que el triodo se haga más negativo y el sector oscuro se estreche; la abertura máxima indica la sintonía óptima.
El ojo mágico se empleó en receptores de válvulas entre 1936 y 1980, hasta que los transistores y los medidores de aguja económicos, fabricados masivamente en Japón desde los años sesenta, lo desplazaron. Hoy sus funciones se reproducen con circuitos semiconductores y pantallas optoelectrónicas, y el componente original es una pieza de coleccionismo.
