El transbordador espacial, 15 años después del último vuelo: por qué sigue siendo irrepetible

Fuentes: La NASA soñó con llevarnos al espacio como en un avión: 15 años después, el transbordador sigue siendo irrepetible

Cuando el Atlantis tomó tierra en Florida el 21 de julio de 2011, la NASA no cerró solo un programa: cerró una manera de entender el acceso humano al espacio. El Space Shuttle, concebido en 1972 como vehículo reutilizable tras la era Apolo, combinó durante tres décadas funciones que hoy ningún sistema reúne: transportar astronautas, poner satélites en órbita, alojar laboratorios, reparar equipos, ensamblar la Estación Espacial Internacional y devolver carga a tierra. Su silueta —el orbitador alado acoplado a un tanque externo y dos aceleradores sólidos— era el resultado de una acumulación de requisitos militares, científicos y presupuestarios, no un capricho estético. Las alas servían para maniobrar en la reentrada y aterrizar en una pista, y la bodega de 18 metros permitía mover piezas voluminosas imposibles de encajar en una cápsula. La reutilización, sin embargo, nunca fue completa: el tanque externo se perdía en cada vuelo y cada misión arrastraba una cadena de mantenimiento, inspección y repuestos que disparó los costes. Lejos de los 10 millones de dólares por vuelo prometidos al inicio, Roger Pielke Jr. y Radford Byerly estimaron un coste medio de unos 1.200 millones de dólares de 2010 en los años operativos, y 1.500 millones considerando toda la vida del programa. A la complejidad técnica se sumaron los accidentes de Challenger y Columbia. Quince años después, cohetes reutilizables y cápsulas comerciales han reemplazado parte de sus funciones, pero ninguna nave ha vuelto a asumir tantas tareas en un solo vehículo.