El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA) ha logrado el registro oficial definitivo del tomate verdal, una variedad autóctona de la Región de Murcia que mantiene un tono verde o verde amarillento incluso al madurar. Este fenómeno se debe a sus bajísimos niveles de licopeno, el pigmento responsable del color rojo en la mayoría de los tomates. Morfológicamente, el verdal presenta una forma chata y un marcado acostillado vertical, con una piel gruesa y pulpa firme que le otorgan gran resistencia física.
El rescate de este patrimonio agrícola fue liderado por el Banco de Germoplasma de La Alberca, que conserva cerca de nueve mil colecciones de semillas, de las cuales mil son autóctonas. Tras años de investigación, el equipo dirigido por Andrés Martínez Bastida y María Elena Sánchez multiplicó el material genético para salvaguardar la biodiversidad regional frente al cambio climático. Para la inscripción oficial, el Centro Nacional de Recursos Fitogenéticos exigía una prueba documental que acreditara el vínculo histórico con la tradición agrícola murciana. La documentalista Mayka Ortiz localizó en los archivos municipales un artículo de junio de 1896 en el diario Las Provincias de Levante, firmado por J. Arques, donde se elogiaban las ensaladas locales con tomate verdal, avalando legalmente su origen tradicional.
Gracias a esta cita hemerográfica, el tomate verdal ha sido incorporado al catálogo nacional y guardado en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en el Ártico, para proteger la biodiversidad mundial. Este reconocimiento permite a cualquier agricultor o investigador solicitar sus semillas de forma gratuita al banco del instituto. En el plano gastronómico, el chef Pablo González-Conejero ha incorporado el verdal en su restaurante, utilizandolo en esferificaciones y confituras artesanales. Esta alianza entre ciencia, historia y cocina de vanguardia revitaliza el patrimonio cultural y agrícola de la región.
