Un usuario comparte una reflexión que le ronda desde hace tiempo: calcula que pasa más horas delante de la pantalla del ordenador que en compañía de su familia, y advierte de que esta dinámica se ha instalado de forma silenciosa en la última década. La cuenta parte de las 40 horas semanales de trabajo y las 79 horas restantes tras descontar el sueño, una franja en la que la mayor parte de las personas recurre a pantallas porque ofrecen estímulos más inmediatos que los vínculos humanos. El autor, que no pide consejos prácticos, señala que el cambio tecnológico ha sido gradual y se ha normalizado hasta resultar invisible, lo que dificulta reaccionar. Concluye que, si no se invierte la tendencia, habrá quien llegue al final de su vida con la certeza de haber dedicado más tiempo a una pantalla que a las personas de su entorno, y lanza el aviso a quienes aún no se han planteado el balance en estos términos.
