El testamento de Robin Williams, fallecido en agosto de 2014, prohíbe durante 25 años cualquier uso comercial de su nombre, imagen y voz, una cláusula que expira el 11 de agosto de 2039 y que impide a Disney explotar las 16 horas de improvisaciones inéditas que el actor grabó como el Genio de 'Aladdín' (1992), de las que solo 90 minutos llegaron al montaje final. Los derechos los gestiona la Fundación Windfall, creada por sus representantes legales, y la única excepción documentada es el cortometraje 'Once Upon A Studio' (2023), autorizado por la familia a partir de las cintas originales de 1992. En 2015, un exdirectivo de Disney reveló al Sunday Times que el actor improvisaba unos 30 chistes por minuto, lo que generó un enorme archivo de voz nunca escuchado. El testamento, redactado antes del auge de la inteligencia artificial generativa, no contemplaba la posibilidad de que un modelo entrenado con ese audio pudiera fabricar frases nuevas con la voz del actor. En julio de 2025, el actor Matthew Lawrence propuso recrear esa voz con IA para proyectos interactivos, aunque supeditado al permiso familiar. Su hija Zelda Williams rechazó en 2023 esas recreaciones durante la huelga de SAG-AFTRA y en octubre de 2025 volvió a condenar los vídeos de IA con la imagen de su padre, a los que calificó de "salchichas ultraprocesadas" y "basura de TikTok". En el lado opuesto, Val Kilmer, fallecido en abril de 2025, autorizó y cobró por una recreación digital de su voz en la película 'As Deep As The Grave'. El caso de Williams se ha convertido así en un campo de batalla legal y ético sobre el alcance real de las cláusulas post mortem frente a las nuevas técnicas de clonación de voz.
