El 24 de junio, dos seísmos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia, provocando el mayor desastre sísmico que sufre el país en más de un siglo. El balance supera las 200 víctimas mortales, más de 4.300 heridos y miles de desaparecidos, con edificios derrumbados en Caracas, el aeropuerto internacional clausurado y una franja de devastación de 150 kilómetros. Venezuela carece de un sistema nacional de alerta temprana y su red sísmica cuenta con menos de 40 estaciones, frente a los miles de dispositivos desplegados en Chile o Japón, lo que impidió evacuar a tiempo. En ese vacío, miles de usuarios de Android recibieron en sus teléfonos notificaciones de las Alertas de Terremotos de Google segundos antes de la sacudida. El escritor caraqueño Pericles Sánchez, de 39 años, tuvo tiempo de salir a la calle antes del temblor fuerte y su familia no sufrió daños. El sistema convierte los acelerómetros de los smartphones en una red de sismógrafos: cada móvil detecta vibraciones sospechosas, envía la señal a un servidor de Google junto con la ubicación y un modelo de inteligencia artificial valida el patrón cuando un número mínimo de teléfonos en la misma zona coinciden. La alerta aprovecha que las ondas P, más rápidas y menos destructivas, llegan antes que las S, las responsables de los daños, lo que concede márgenes de entre pocos segundos y un minuto. El servicio, desplegado en abril de 2021, opera en 98 países, ha detectado más de 18.000 terremotos y cuenta con más de 2.000 millones de smartphones conectados, con una eficacia comparable a la de los sismómetros convencionales según un estudio publicado en Science en julio de 2025.
